Sus sombras revelaban el contraste existente entre ambos. El cuerpo de él era dos veces mayor que el de ella. Matorrales de adoquines de negro lacado, que llevaba árboles de plateada filigrana abiertos como abanicos tras cuyo reborde los ojos del río les incitaban a ocultos coqueteos, húmedas pantoletas de niebla y el cortante incienso de las castañas asadas.
Me han quedado manos temblorosas para toda la vida.
miércoles, junio 27
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4 comentarios:
yo creo en el amor
...el invierno no alcanza a explicar tanto frío... algo 'crudo' en la imagen como en su definición misma.
Los textos me gustan y tienen la medida justa como para no agotar la vista.
las imágenes también están buenas, por si no quedó claro -
Jene
http://www.myfabrik.com/
http://www.dailymotion.com/
tal vez le sirvan estos datos.
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