
Cada palabra dicha en el pasado ha ido acumulando formas y colores en la persona. Lo que discurre por las venas, además de sangre, es la destilación de cada acto cometido, el sedimento de todas las visiones, deseos, sueños y experiencias. Todas las emociones pretéritas que confluyen para teñir la piel y aromatizar los labios, para regular el pulso y producir cristales en los ojos.

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