miércoles, junio 27


Sus sombras revelaban el contraste existente entre ambos. El cuerpo de él era dos veces mayor que el de ella. Matorrales de adoquines de negro lacado, que llevaba árboles de plateada filigrana abiertos como abanicos tras cuyo reborde los ojos del río les incitaban a ocultos coqueteos, húmedas pantoletas de niebla y el cortante incienso de las castañas asadas.
Me han quedado manos temblorosas para toda la vida.



La guitarra destilaba su música.. con la pupila de carboncillo de los ojos, derramando en la caja color miel los sabores del camino abierto en el que vivía su vida de zíngara: tomillo, romero, orégano, mejorana y salvia. los sueños nacidos en su colchón de crin negra. las cencerradas de la libertad, transfusión de vida proporcionada por las cuerdas de tripa en la fiesta a la que nunca asistiera pero que siendo niña, había contemplado desde la ventana.





La mano de la enamorada del viento acaricia la cara del ausente.
La alucinada con su maleta de piel de pájaro huye de sí misma con un cuchillo en la memoria.
La que fue devorada por el espejo entra en un cofre de cenizas y apacigua a las bestias del olvido.